Una irrupción polar marca el fin de mayo con un giro invernal
Durante este mes de mayo, Argentina está siendo testigo de una transformación climática abrupta y sin pausas. Luego de una primera quincena con temperaturas elevadas, propias del verano, y persistentes vientos del norte, el panorama se ha revertido drásticamente. El reciente temporal marcó el ingreso de una masa de aire más fría, pero lo que se avecina a partir de la próxima semana será aún más significativo: una ola polar de origen antártico comenzará a avanzar sobre el país, alterando por completo las condiciones actuales.
Zonas más afectadas por el aire polar
Desde el miércoles 28 de mayo, el ingreso de esta masa de aire polar afectará principalmente a la zona Pampeana, el norte de la Patagonia y la región de Cuyo, donde se esperan temperaturas mínimas típicas de junio o julio, e incluso más bajas. Las heladas serán generalizadas, con distintos niveles de intensidad, consolidando un ambiente plenamente invernal en pleno otoño.
Este fenómeno también alcanzará al norte argentino, aunque con menor impacto térmico en comparación con el centro del país. La ciudad de Buenos Aires experimentará un fuerte descenso térmico, con valores mínimos que podrían ubicarse en torno a los 5 °C o menos, especialmente en las zonas suburbanas.
Precipitaciones y tormentas antes del frío
Previo a esta irrupción gélida, se vivirá un episodio de inestabilidad entre el sábado 24 y el martes 27 de mayo. Se esperan lluvias y chaparrones aislados en el norte de la provincia de Buenos Aires, aunque los acumulados no serían significativos, lo que podría aliviar a las zonas afectadas por excesos hídricos.
Distinta será la situación en el noreste argentino, donde se pronostican tormentas fuertes, con acumulados entre 20 y 70 mm, caída de granizo, viento con ráfagas y actividad eléctrica intensa. Corrientes, el este de Chaco, Formosa y sectores del Litoral están bajo alerta emitida por el Servicio Meteorológico Nacional.
Una transición climática sin precedentes recientes
En menos de tres semanas, el país ha transitado desde un ambiente cálido con sensación térmica estival, hacia un contexto típicamente otoñal, y ahora encara una fase netamente invernal. Este comportamiento refleja una dinámica meteorológica muy activa, donde los extremos se suceden con muy poco margen de adaptación.
Las consecuencias de esta transición no se limitan al ámbito urbano. La actividad agropecuaria, especialmente en la Pampa Húmeda y Cuyo, sufrirá el impacto de las heladas tempranas, afectando los procesos de cosecha y conservación de cultivos.
El escenario para lo que queda de mayo se presenta con fuertes contrastes térmicos, variabilidad atmosférica y la necesidad de seguir de cerca cada cambio para anticiparse a nuevos eventos.


